
ECIJA Torres altas que se pierden en los umbrales del cielo, son los primeros recuerdos que de mi infancia yo tengo. Campiñas verdes del trigo, mezcladas con el aroma de retama, orujo y flores de tus colinas de olivos. ¡Ciudad plagada de torres, como no hay otra en España! ¡Écija, Ciudad del Sol! ¡La hermosa Astigi romana! Recuerdo de juventud que no se va de mi mente y que aunque pasan los años me invade al volver a verte. Recuerdo de tus rincones. De tus balcones floridos. De los patios de tus casas y de tu Salón, querido, donde en un tiempo lejano miles de obreros del campo aguardaban en silencio ser llamados por el amo... ¡Ay, señorito ecijano, rebosante de dinero, que apilabas en tus arcas a costa del jornalero! Quiero olvidar y no puedo los rasgos de la de tristeza que marcaban las facciones del parado en su pobreza. Mas ya pasaron los tiempos de aquella triste tortura, y ahora los hijos del pobre te superan en cultura... Recuerdo de aquella infancia que jamás se me olvidó... Mas ahora sé que esta guerra el jornalero ganó...