LAS LÁGRIMAS DE UN TORERO

Las lágrimas de un torero
deben de saber a mares;
a mares agrios y amargos
de impotencia y de coraje.

Era un torero sin nombre;
pero nadie puede, nadie,
negarle los apellidos
de ¡valentía y coraje!
Respiraba aire taurino,
bebía toros de aire,
toros, toros y toros
eran su pan y su hambre.

Solo, arregló su vestido,
el de las faenas grandes,
mientras soñaba que aquella
tarde sería su tarde.
Solo, limpió los capotes
rojos con manchas de sangre,
mientras le daba a sus sueños
verónicas inmortales.

En los capotes, su nombre,
nombre de aire en el aire;
pero un nombre que sería
alguien desde aquella tarde.
Solo, se vistió en el cuarto,
un cuarto lleno de nadie,
que luego le quedaría
pequeño a su gloria grande.
(Solo unas niñas,
graciosas
abejitas ignorantes
volaban junto al panal
de oro taurino del traje)
Solo, se marchó a la plaza;
solos él y su coraje;
y en la montera, unos sueños
que no se cambian por nadie.
Solo, se marchó a la plaza...

Solo, volvió aquella tarde.

Pudo haber sido su tarde;
pero los toros..., los toros...
Ser modelo de carteles,
inspiración de romances,
pero los toros..., los toros...
Y dar brillo a las imprentas
con el fulgor de sus lances,
pero los toros..., los toros...
Ronda y vigilia de amigos
en turno para ensalzarle,
pero los toros..., los toros...
Y en turno, ronda y vigilia,
los apoderados grandes
con los contratos en blanco
y el dinero por delante,
pero los toros..., los toros...

Pudo haber sido su tarde,
pero los toros..., los toros...
Todo se quedó en la plaza,
todo se lo llevó el aire;
y el cuarto que soñó chico,
qué grande ahora, qué grande.

En sus lágrimas brillaba
un reflejo de la tarde,
-mínimo traje torero
de cristal, deshilachándose...

¡Qué juego de luz y sombra!
¡Qué cara y cruz en el aire!
¡Y qué taurino y amargo
y triste y bello contraste!
Que mientras vuelve un torero
dolorósamente grave,
el fracaso en los capotes,
un muerto brillo en el traje,
y en el corazón valiente,
un cornadón de coraje,
con un vestido de luces
que no lo mejora nadie...
el sol, torero celeste,
se va por la puerta grande.

Solo, en su cuarto, el torero,
herido de soledades,
le da al mal toro del sino
capotazos de coraje.

Las lágrimas de un torero
deben de saber a mares.