LA SOLEÁ DEL SUSPIRO

Dijo la lengua al suspiro:
échate a buscar palabras
que digan lo que yo digo
(Popular)

Prisionero y sin cadenas,
el suspiro iba arrastrando
dentro del alma su pena.

Le vino un golpe de llanto
y el suspiro, prisionero,
buscó la calle del canto;

y, como allí no había nadie,
dobló la esquina y se fue,
se fue a la calle del aire;

que eso es el suspiro, eso:
un cantar que no hace falta
cantarlo pa comprenderlo;

una palomita sola
que se sube pa llorar
al alero de la boca;

y una pena de verdad
que pa que llegue a su sitio
se hace aire y... ¡a volar!

La lengua, niña pulida,
con su vestido de grana
y su palabra cumplida,
le quiso salir al paso
pa tirarse los dos juntos
desde el balcón de los labios.

Pero el suspiro le dijo:
échate a buscar palabras
que digan lo que yo digo.

A qué sales a mi encuentro
si nunca ha de ser palabra
la pena que llevo dentro.

Entre tu casa y la mía
hay la distancia que tienen
la verdad y la mentira;

que yo soy sencillo y serio
con la verdad por delante
a lomo del sentimiento:

y tu eres medio cabal,
que una mitad eres falsa
y falsa la otra mitad.

No pueden estar de acuerdo
la vida que tú te traes
y la vida que yo llevo;

tú vives tu algarabía
en lo alto de la torre;
yo vivo en la sacristía;

en el mismo templo estamos,
pero tú, allá en la veleta,
yo, cerquita del sagrario;

tú tienes campanas locas
que a todas horas repican
las oigan o no las oigan;

yo tengo una campanita
que tocan pa que la sientan
cuando la gente está en misa.

Y nos pasamos la vida
tú, tirándote hacia abajo,
yo, tirándome hacia arriba;

y ya lo dice el adagio:
caer es cosa de tontos,
subir es cosa de sabios.

Y a mas puedo echarte en cara
que eres veneno, veneno
que mata por donde pasas,

y que tu palabra inquieta
a todas partes se va
lo mismo que una veleta.

Y ya ves qué mal se avienen
el hablar a lengua suelta
y el hablar cuando conviene.

Conque anda,
anda y sigue tu camino,
y échate a buscar paslabras
que digan lo que yo digo.